martes 17 de junio de 2008

Viajando y jugando al lado de una fogata

Ya ni recuerdo cómo comenzó, aunque nunca lo hago de todas formas. En fin, ya da lo mismo.

Éramos tres los que íbamos recorriendo ese lugar tan blanco y brillante. El primero de ellos, era mi hermano. El segundo, creo que no lo conozco, pero lo podría describir: era un hombre de unos 46-48 años, tenía el pelo largo, aunque ni tanto, de color gris. Usaba unos bigotes que apenas mostraban su boca, y andaba con un sombrero lleno de polvo, realmente se notaba que era muy antiguo. Evidentemente yo era el tercer sujeto.
Ese lugar tan blanco y brillante como lo llamé, era un bello paisaje lleno de montañas cubiertas por nieve. Pero, había algo que me llamaba la atención de esas montañas: sus cuevas. Por alguna razón tenía que ir a ellas, pero, lamentablemente, como éramos tres, es decir, eramos un grupo, las decisiones no las tomaba uno solo, había que hacer votación. Así que propuse la idea de ir a las cuevas de "esa" montaña, realmente tenía la necesidad imperiosa de verlas por dentro.
La votación no salió a mi favor, así que me quedé con tan solo las ganas de ir. Así que tuvimos que seguir recorriendo, el paisaje blanco apenas se podía ver si uno volteaba la cabeza.

Ni siquiera me di cuenta del momento en que todo el entorno cambió. Ahora estábamos los tres rodeados por edificios muy altos y mucha gente. Junto con ese cambio, se vino otro, pero era más extraño. El "viejo", como le decíamos mi hermano y yo, era ahora un regordete amigo de mi juventud. En ese instante no nos pareció raro, ni siquiera le seguimos diciendo "viejo", pero sabíamos que seguía siendo él, o por lo menos eso creíamos. Entramos al único lugar que no pertenecía a la ciudad. Era una construcción antigua, y en su interior, detrás del mesón, había un tipo algo mayor; era el encargado del local. Este local parecía ser un salón de entretenimientos, o de videojuegos, pero a la vez no lo parecía, más bien parecía un "salón de videojuegos del viejo y lejano oeste". Lo sé, muy peculiar, por decir lo menos.

Me acerqué al encargado, me hizo un extraño gesto con su demacrado rostro, y sin saber lo que buscaba, saqué mi billetera y le mostré mi credencial de socio de ese local. Una vez hecho esto, el encargado me pasó 17 monedas de oro, las cuales guardé y nos fuimos. Cuando salimos de ese local, éramos mi hermano y yo solamente, el regordete amigo de mi juventud, ya no estaba, pero no nos importó y seguimos adelante, ya había que volver a casa.
Nos demoramos nada en volver, fue cosa de un pestañeo. Estábamos los dos en el antejardín, conversando, cuando por la calle pasó corriendo el viejo, pero nos miraba con odio y rencor. Hasta el momento no logro saber el porqué de su enojo. Luego de esto, con mi hermano supimos que algo andaba mal, por lo que quisimos entrar a la casa. De repente, vemos a un extraño en el antejardín, sin saber cómo había entrado, abrimos la puerta y le pedimos cordialmente que se fuera. En su rostro, este sujeto, expelía locura, estaba sonriente y sin importar lo que le dijéramos, él contestaba "entonces en la noche volveré", siempre con su gran sonrisa de oreja a oreja. Los dos nos asustamos, con ese loco en nuestra casa... nos sentimos amenazados. Mi hermano se abalanzó sobre él mientras yo corría a mi dormitorio a buscar algo con que pegarle. Tomé la guitarra, fue lo único que encontré, volví y la destruí golpeándolo con ella. De la misma manera en que ya no quedaba guitarra, tampoco quedaban rastros del loco. Literalmente había desaparecido tras los golpes de la guitarra. Lo único que hice, casi inconscientemente,fue tomar los restos de guitarra, juntarlos y amarrarlos con las mismas cuerdas de la guitarra. Lo hice, y luego quemé ese montón. Ya estaba oscureciendo, nosotros alrededor de esa fogata en miniatura, cuando vemos que por la calle, pasó corriendo el viejo.

lunes 16 de junio de 2008

Siete Tatas

Nos juntábamos todos los días después de que sucedió. Lo extraño es que ni siquiera lo conocían. Íbamos a la hora de la cena, a la casa de Hortencia, pero esta casa era mucho más grande a como la recordaba. Habían por lo menos siete habitaciones, y en cada una de ellas guardaban un cuerpo de él, que sólo sacaban de su aposento a la hora en que llegábamos; siempre con la ilusión de verlo(s) en la mesa de nuevo, contando alguna de sus historias de juventud.

Como todas las ocasiones anteriores, esa tarde-noche, terminó sin novedad alguna, por lo que volvimos a nuestra casa, tranquilamente. Pero al momento en el que volvimos, noté algo distinto; alguien había estado haciendo espacio en mi dormitorio. Lo supe de inmediato, compartiría mi habitación con mis siete tatas. Era extraño pero en aquel momento no me pregunté el porqué; debe haber sido por el aire que se respiraba, tenía su aroma.

Después de un rato, me entretuve conversando con su hijo, era muy agradable, nos reímos por todo, era como si nos hubiésemos conocido de siempre, además que nos parecíamos tanto. Él después de un rato, me preguntó si yo seguía trabajando, a lo que le respondí que ya me había retirado, a consecuencia de lo que había pasado. En cada momento me acordaba de su rostro, y unas ganas incontenibles de romper en llanto, me hacían un nudo en la garganta, lo que me impedía salir a la calle siquiera, si no quería que me notasen los ojos vidriosos.
Se nos pasó la noche volando, conversando y recordando situaciones que no vivimos. Prácticamente no nos dimos cuenta cuando las copas de los árboles recobraron su color diurno, y eso era señal que me tenía que ir. Rápidamente me preparé, y tenía que partir rumbo al colegio, al colegio de mi infancia y juventud, que alguna vez supuse que no volvería entrar otra vez, por lo menos no con ese uniforme. Precisamente eso no fue lo que ocurrió. Una vez más yo estaba disfrazado con esos pantalones grises, la camisa blanca y la típica corbata tricolor. Tomé mi antigua mochila escolar, y me fui caminando por lo que me tardé no más de 6 ó 7 minutos en llegar a mi viejo destino. Finalmente llegué, y todo estaba exactamente igual que cuando me fui. De cierta manera era comprensible que los pupitres, los profesores o incluso parte del alumnado sean los mismos, pero que yo haya tenido los mismos compañeros de curso, era muy extraño por decir lo menos, pero a esas alturas, daba lo mismo ya. Estuve presente en una clase de geometría, y luego me fui, pero en la salida, había un automóvil oscuro, con pétalos de flores en su techo. Al lado de la carroza, habían dos amigas llorando, de alguna manera, entendí que su padre había fallecido. Visto eso, no esperé ni un segundo más, y corrí a mi casa de vuelta. Había sucedido.

martes 10 de junio de 2008

C-Exp #253

...por lo que decidí montar mi vehículo. A mi alrededor habían solo seres que yo conocía, pero en ese momento no supe de donde. Me miraban de una forma tan familiar... que por un segundo llegué a sentir que yo mismo me estaba mirando, pero el dolor tan profundo que sentía, me recordó de golpe que aún estaba sangrando, y que me urgía salir tan pronto de ahí como me fuera posible. Algo me lo impedía.

A lo lejos se escuchaba el ruido de la ciudad, también me era muy familiar, quería llegar luego, quería salir pronto de aquel lugar tan oscuro y húmedo, me quería sentir seguro otra vez.

Gracias a mi querido y recurrente infortunio, se me vino una idea peculiar a la cabeza. El vehículo no arrancaría, no a esa hora por lo menos. Intenté ponerlo en marcha pero nada, no pasó nada. Otra vez sentía punzante mi herida, pero esta vez sangraba menos, "por fin algo bueno que me ocurra" pensé. Pero ¿Qué haría el resto de tiempo que me quedaba, hasta que mi vehículo partiera? Así que hice lo que más tiempo consumía, abrí el bolso, y dentro de un bolsillo había un frasco con píldoras. Tomé una píldora color cobre, y me la tomé con la última ración de agua que me quedaba.

¡Al fin!, abrí mis ojos y todo era tan verde, tan hermoso, que parecía como si hubiese sido ayer la última vez que vi este paisaje. Corrí, nadé y volé por todo lados, me encontré con cientos de amigos, aunque habían varios de ellos que nunca había visto antes. De fondo siempre estuvo esa melodía citadina que tanto me fascinaba. De repente recordé que estaba lesionado, me revisé pero esta vez no tenía herida ni rastro de sangre alguno. ¡Estaba tranquilo y tan feliz! De un momento a otro, mi dicha terminó. El son de la urbe se desvaneció, ya no veía a ni un amigo por ningún lado, el cielo se tornó café, al igual que la vegetación. Comprendí que el efecto de la droga estaba desapareciendo. Aun estaba montado en mi vehículo, había dejado un pequeño charco de sangre a mi lado. Pero ya no me importaba, ya era casi la hora de irse, faltaban un par de minutos solamente, antes de que el vehículo partiera.
Es una lástima que el viaje siempre sea ida-vuelta; es una lástima que al otro día se repetiría todo. El día siguiente y todos los que le sigan, hasta el fin de mis días, o hasta que me quede sin sangre, lo que ocurra primero.

Puntos de vista

¿Quién tiene razón? ¿Cómo, a partir de una misma situación, se pueden generar opiniones tan diversas?.

Al momento de expresar una opinión, o al efectuar una decisión, tácitamente, todo el pasado de cada individuo, sale a flote. ¿De qué manera?, simple, todo lo que nos han enseñado, sumado a todo lo que nos ha sido impuesto como "normas sociales" o tal vez "principios morales", juega un papel o rol fundamental, ya que nuestra decisión u opinión expresada, será, en la mayor parte de los casos, ad-hoc con nuestro pasado.

Es cierto, llegado cierto punto de divergencia de opiniones, sobretodo en las situaciones más cercanas a mi realidad, "se me provoca" un tipo de impotencia, no en el sentido fisiológico claro está; me cuesta entender-aceptar esas opiniones tan divergentes de mi voz. Es entonces cuando logro comprender que es imposible que el mencionado pasado sea lo único influyente en lo que ya sabemos. También entra en juego algo llamado "estructura mental", que de cierta forma, ordena y articula las cosas que vamos viviendo día a día donde se interpreta de un determinada manera todo lo que vivimos. ¡Ojo!, se interpreta. Esta interpretación nos abre una puerta; la puerta del error y/o conocimiento falso. Si bien es verdad que "toda opinión es válida", no podemos pecar de ingenuos o ciegos admitiendo que dos opiniones contrarias entre sí, tienen la misma validez. No, eso no puede ser. Vivimos en una sola realidad, donde los temas controversiales son puestos en tela de juicio por los distintos puntos de vista, donde finalmente ganará el que tenga más adeptos, pero como se sabe, esto no implica que sea el punto de vista más válido.

Sin embargo, sin importar el origen de estas divergencias, sabemos que es algo que por siempre existirá y es otra cosa más que nos hace tan únicos, tan... humanos.