Ya ni recuerdo cómo comenzó, aunque nunca lo hago de todas formas. En fin, ya da lo mismo.
Éramos tres los que íbamos recorriendo ese lugar tan blanco y brillante. El primero de ellos, era mi hermano.
El segundo, creo que no lo conozco, pero lo podría describir: era un hombre de unos 46-48 años, tenía el pelo largo, aunque ni tanto, de color gris. Usaba unos bigotes que apenas mostraban su boca, y andaba con un sombrero lleno de polvo, realmente se notaba que era muy antiguo. Evidentemente yo era el tercer sujeto.
Ese lugar tan blanco y brillante como lo llamé, era un bello paisaje lleno de montañas cubiertas por nieve. Pero, había algo que me llamaba la atención de esas montañas: sus cuevas. Por alguna razón tenía que ir a ellas, pero, lamentablemente, como éramos tres, es decir, eramos un grupo, las decisiones no las tomaba uno solo, había que hacer votación. Así que propuse la idea de ir a las cuevas de "esa" montaña, realmente tenía la necesidad imperiosa de verlas por dentro.
La votación no salió a mi favor, así que me quedé con tan solo las ganas de ir. Así que tuvimos que seguir recorriendo, el paisaje blanco apenas se podía ver si uno volteaba la cabeza.
Me acerqué al encargado, me hizo un extraño gesto con su demacrado rostro, y sin saber lo que buscaba, saqué mi billetera y le mostré mi credencial de socio de ese local. Una vez hecho esto, el encargado me pasó 17 monedas de oro, las cuales guardé y nos fuimos. Cuando salimos de ese local, éramos mi hermano y yo solamente, el regordete amigo de mi juventud, ya no estaba, pero no nos importó y seguimos adelante, ya había que volver a casa.
Nos demoramos nada en volver, fue cosa de un pestañeo. Estábamos los dos en el antejardín, conversando, cuando por la calle pasó corriendo el viejo, pero nos miraba con odio y rencor. Hasta el momento no logro saber el porqué de su enojo. Luego de esto, con mi hermano supimos que algo andaba mal, por lo que quisimos entrar a la casa. De repente, vemos a un extraño en el antejardín, sin saber cómo había entrado, abrimos la puerta y le pedimos cordialmente que se fuera. En su rostro, este sujeto, expelía locura, estaba sonriente y sin importar lo que le dijéramos, él contestaba "entonces en la noche volveré", siempre con su gran sonrisa de oreja a oreja. Los dos nos asustamos, con ese loco en nuestra casa... nos sentimos amenazados. Mi hermano se abalanzó sobre él mientras yo corría a mi dormitorio a buscar algo con que pegarle. Tomé la guitarra, fue lo único que encontré, volví y la destruí golpeándolo con ella. De la misma manera en que ya no quedaba guitarra, tampoco quedaban rastros del loco. Literalmente había desaparecido tras los golpes de la guitarra. Lo único que hice, casi inconscientemente,fue tomar los restos de guitarra, juntarlos y amarrarlos con las mismas cuerdas de la guitarra.
Lo hice, y luego quemé ese montón. Ya estaba oscureciendo, nosotros alrededor de esa fogata en miniatura, cuando vemos que por la calle, pasó corriendo el viejo.
Éramos tres los que íbamos recorriendo ese lugar tan blanco y brillante. El primero de ellos, era mi hermano.
El segundo, creo que no lo conozco, pero lo podría describir: era un hombre de unos 46-48 años, tenía el pelo largo, aunque ni tanto, de color gris. Usaba unos bigotes que apenas mostraban su boca, y andaba con un sombrero lleno de polvo, realmente se notaba que era muy antiguo. Evidentemente yo era el tercer sujeto.Ese lugar tan blanco y brillante como lo llamé, era un bello paisaje lleno de montañas cubiertas por nieve. Pero, había algo que me llamaba la atención de esas montañas: sus cuevas. Por alguna razón tenía que ir a ellas, pero, lamentablemente, como éramos tres, es decir, eramos un grupo, las decisiones no las tomaba uno solo, había que hacer votación. Así que propuse la idea de ir a las cuevas de "esa" montaña, realmente tenía la necesidad imperiosa de verlas por dentro.
La votación no salió a mi favor, así que me quedé con tan solo las ganas de ir. Así que tuvimos que seguir recorriendo, el paisaje blanco apenas se podía ver si uno volteaba la cabeza.
Ni siquiera me di cuenta del momento en que todo el entorno cambió. Ahora estábamos los tres rodeados por edificios muy altos y mucha gente. Junto con ese cambio, se vino otro, pero era más extraño. El "viejo", como le decíamos mi hermano y yo, era ahora un regordete amigo de mi juventud.
En ese instante no nos pareció raro, ni siquiera le seguimos diciendo "viejo", pero sabíamos que seguía siendo él, o por lo menos eso creíamos. Entramos al único lugar que no pertenecía a la ciudad. Era una construcción antigua, y en su interior, detrás del mesón, había un tipo algo mayor; era el encargado del local. Este local parecía ser un salón de entretenimientos, o de videojuegos, pero a la vez no lo parecía, más bien parecía un "salón de videojuegos del viejo y lejano oeste". Lo sé, muy peculiar, por decir lo menos.
En ese instante no nos pareció raro, ni siquiera le seguimos diciendo "viejo", pero sabíamos que seguía siendo él, o por lo menos eso creíamos. Entramos al único lugar que no pertenecía a la ciudad. Era una construcción antigua, y en su interior, detrás del mesón, había un tipo algo mayor; era el encargado del local. Este local parecía ser un salón de entretenimientos, o de videojuegos, pero a la vez no lo parecía, más bien parecía un "salón de videojuegos del viejo y lejano oeste". Lo sé, muy peculiar, por decir lo menos.Me acerqué al encargado, me hizo un extraño gesto con su demacrado rostro, y sin saber lo que buscaba, saqué mi billetera y le mostré mi credencial de socio de ese local. Una vez hecho esto, el encargado me pasó 17 monedas de oro, las cuales guardé y nos fuimos. Cuando salimos de ese local, éramos mi hermano y yo solamente, el regordete amigo de mi juventud, ya no estaba, pero no nos importó y seguimos adelante, ya había que volver a casa.
Nos demoramos nada en volver, fue cosa de un pestañeo. Estábamos los dos en el antejardín, conversando, cuando por la calle pasó corriendo el viejo, pero nos miraba con odio y rencor. Hasta el momento no logro saber el porqué de su enojo. Luego de esto, con mi hermano supimos que algo andaba mal, por lo que quisimos entrar a la casa. De repente, vemos a un extraño en el antejardín, sin saber cómo había entrado, abrimos la puerta y le pedimos cordialmente que se fuera. En su rostro, este sujeto, expelía locura, estaba sonriente y sin importar lo que le dijéramos, él contestaba "entonces en la noche volveré", siempre con su gran sonrisa de oreja a oreja. Los dos nos asustamos, con ese loco en nuestra casa... nos sentimos amenazados. Mi hermano se abalanzó sobre él mientras yo corría a mi dormitorio a buscar algo con que pegarle. Tomé la guitarra, fue lo único que encontré, volví y la destruí golpeándolo con ella. De la misma manera en que ya no quedaba guitarra, tampoco quedaban rastros del loco. Literalmente había desaparecido tras los golpes de la guitarra. Lo único que hice, casi inconscientemente,fue tomar los restos de guitarra, juntarlos y amarrarlos con las mismas cuerdas de la guitarra.
Lo hice, y luego quemé ese montón. Ya estaba oscureciendo, nosotros alrededor de esa fogata en miniatura, cuando vemos que por la calle, pasó corriendo el viejo.






