Yo mismo había pintado aquel cuarto, y se notaba. Fue muy incómodo para mí ese momento, aquel silencio desgarrador dejaba entrever lo obvio. Me acerqué a un rincón del cuarto para que desaparecieran esos rostros silentes de mi vista. Calculo que habré estado en esa posición unos 21 minutos, mirando un punto fijo, un espacio que quedó sin pintar. Parecía deliberada la forma en que no fue pintada esa zona. Tal vez estaré exagerando un poco, pero para mí, siempre será igual: era un fiel autorretrato.
Lentamente giré mi cabeza, pero ya se habían ido. Al voltearla nuevamente, ya no estaba mi rostro estampado en la pared, a decir verdad, ni siquiera quedaban vestigios de pintura. Me extrañé lo suficiente como para no preguntar nada, de todas formas no había nadie quién pudiera responder.
Lentamente giré mi cabeza, pero ya se habían ido. Al voltearla nuevamente, ya no estaba mi rostro estampado en la pared, a decir verdad, ni siquiera quedaban vestigios de pintura. Me extrañé lo suficiente como para no preguntar nada, de todas formas no había nadie quién pudiera responder.




0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada