...por lo que decidí montar mi vehículo. A mi alrededor habían solo seres que yo conocía, pero en ese momento no supe de donde. Me miraban de una forma tan familiar... que por un segundo llegué a sentir que yo mismo me estaba mirando, pero el dolor tan profundo que sentía, me recordó de golpe que aún estaba sangrando, y que me urgía salir tan pronto de ahí como me fuera posible. Algo me lo impedía.
A lo lejos se escuchaba el ruido de la ciudad, también me era muy familiar, quería llegar luego, quería salir pronto de aquel lugar tan oscuro y húmedo, me quería sentir seguro otra vez.
Gracias a mi querido y recurrente infortunio, se me vino una idea peculiar a la cabeza. El vehículo no arrancaría, no a esa hora por lo menos. Intenté ponerlo en marcha pero nada, no pasó nada. Otra vez sentía punzante mi herida, pero esta vez sangraba menos, "por fin algo bueno que me ocurra" pensé. Pero ¿Qué haría el resto de tiempo que me quedaba, hasta que mi vehículo partiera? Así que hice lo que más tiempo consumía, abrí el bolso, y dentro de un bolsillo había un frasco con píldoras. Tomé una píldora color cobre, y me la tomé con la última ración de agua que me quedaba.

¡Al fin!, abrí mis ojos y todo era tan verde, tan hermoso, que parecía como si hubiese sido ayer la última vez que vi este paisaje. Corrí, nadé y volé por todo lados, me encontré con cientos de amigos, aunque habían varios de ellos que nunca había visto antes. De fondo siempre estuvo esa melodía citadina que tanto me fascinaba. De repente recordé que estaba lesionado, me revisé pero esta vez no tenía herida ni rastro de sangre alguno. ¡Estaba tranquilo y tan feliz! De un momento a otro, mi dicha terminó. El son de la urbe se desvaneció, ya no veía a ni un amigo por ningún lado, el cielo se tornó café, al igual que la vegetación. Comprendí que el efecto de la droga estaba desapareciendo. Aun estaba montado en mi vehículo, había dejado un pequeño charco de sangre a mi lado. Pero ya no me importaba, ya era casi la hora de irse, faltaban un par de minutos solamente, antes de que el vehículo partiera.
Es una lástima que el viaje siempre sea ida-vuelta; es una lástima que al otro día se repetiría todo. El día siguiente y todos los que le sigan, hasta el fin de mis días, o hasta que me quede sin sangre, lo que ocurra primero.




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